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Según explica el historiador Fernando Arribas en el Cartafol do Museo, el carnero alado de Ribadeo es una «extraordinaria y enigmática pieza».

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Se ignora casi su filiación cultural y las circunstancias concreta de su descubrimiento, aunque se cree que fue durante un dragado efectuado en el ría de Ribadeo en 1945. Posteriormente fue adquirida por Álvaro Gil en Madrid. Arribas señala que hay muchas reservas sobre la información antes citada. La pieza ha sido estudiada por diferentes especialistas, que coinciden en la temática oriental de esta joya y en asignarle una cronología que va desde el siglo VI al I antes de Cristo, «pero nós estimamos que é posterior», explica Arribas. Fue durante años considerada una figura única, pero han ido apareciendo otras similares, en museos de Suiza y Canadá.

 

El carnero alado de Ribadeo

Lucía Estravís Corona

 

Revista electrónica Mundo Antiguo ISSN 1989-1598 | Monografía Nº 4, Julio 2008

En primer lugar me gustaría hacer una aclaración a cerca del tema de esta ponencia. Se encuentra englobada en la sección de Prehistoria y Protohistoria de este seminario, dado que ese es mi ámbito de estudio; sin embargo, las conclusiones de este trabajo se alejan un poco de mi planteamiento inicial. En cualquier caso, la pieza estudiada se encuentra hoy en día aún situada dentro de la sala de orfebrería prerromana y romana del Museo Provincial de Lugo, junto con el resto de joyería castreña.

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El 17 de abril de 1976, según podemos leer en el Boletín de la Comisión de Monumentos de Lugo de ese mismo año, llegan al Museo Provincial de Lugo tres piezas procedentes de la colección particular de D. Álvaro Gil Varela: la arracada de Burela, una onza de oro de Perú de Fernando VI y una pequeña figurilla de oro (Lámina 1) que desde el primer momento suscitó gran interés a los investigadores.
Se trataba de una pieza pequeña de orfebrería que representaba a un carnero alado con una decoración profusa de granulado y filigranas. Según las informaciones que llegan al museo, la pieza fue hallada durante las tareas de dragado la ría de Ribadeo en 1945 y posteriormente adquirida por D. Álvaro Gil Varela en una subasta en Madrid. Sin embargo, la peculiaridad de la pieza hizo desde un principio dudar a los investigadores que buscaron filiaciones para la pieza más allá de las fronteras del mundo castreño, al que se atribuyó su origen en un primer momento.

A finales de los setenta, Felipe Arias Vilas, en nombre de la Comisión de Monumentos de Lugo, recabará información en el Servicio de Costas sobre el supuesto dragado de la ría, pero las autoridades no tienen noticias de sobre estas labores para la década de los cuarenta en Ribadeo (Arribas Arias, 1992), por lo que no podemos establecer ningún contexto arqueológico fidedigno para la pieza, si bien es cierto que sí que existen los hallazgos de tres diademas y una bráctea en éste curso fluvial.

La pieza tiene unas dimensiones reducidas de 6,5 x 6,4 x 2 cm. y un peso aproximado de unos 50 gr. Está formada por láminas de oro repujadas y decoradas antes de soldarse al conjunto, siendo hueca al interior. Las soldaduras se disimulan mediante boceles que se confunden con la abundante decoración de granulados y filigranas que cubren completamente el cuerpo del carnero, incluso en la parte interior de las patas y de las alas.

Encontramos que la piel del animal aparece representada por medio de escamas realizadas con filigrana de hilos torsionados de menos de un cuarto de milímetro de grosor que forman pequeños arquitos en forma de U imitando la lana de la piel del animal.

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En el pecho, así como en la parte superior de las patas delanteras, aparecen unas flores hexapétalas realizadas con filigrana de hilo torsionado para las líneas del dibujo y completadas por granulado en el interior de los pétalos.

En las patas traseras aparece una figura de un animal con la cabeza girada hacia atrás y que, aparentemente, presenta cuernos. La imagen es muy esquemática por lo que nos es difícil establecer que tipo de cuadrúpedo es el que tenemos, aunque sí podríamos asimilarlo a algún tipo de gacela, antílope o tal vez a un toro. La técnica es la misma que en el caso de las flores, con el uso de filigrana y granulado.

En la parte central del animal encontramos la representación de un ave con las alas extendidas, también muy esquemática y realizada con las mismas técnicas.

La cabeza de la figura presenta una separación del cuerpo por medio de una banda ancha y lisa a modo de collar, decorada con glóbulos sobre rodeles de filigrana colocados en forma de rosetas y rombos. Los ojos reciben un tratamiento bastante característico, conformándose por medio de dos círculos concéntricos de filigrana. Los cuernos son de “tipo Amón” retorcidos, y completamente cubiertos por un granulado muy fino. La actitud del animal, que muestra la boca semiabierta y la cabeza ligeramente echada hacia atrás, nos recuerda a la de la berrea de los machos en época de celo.

Las alas se encuentran también profusamente decoradas, dividiéndose en tres registros por medio de líneas de granulado, y compartimentándose a su vez cada uno de éstos en distintas bandas que se decoran con rosetas y rombos de granulado. El borde de las alas se remata con glóbulos sobre rodeles que disimulan las líneas de soldadura. Las alas muestran una forma esbelta y curvada hacia delante.

Por último, la cola muestra un tratamiento distinto, usando una lámina lisa de oro con decoración de glóbulos sobre rodeles, colocados en líneas longitudinales.

La presentación de la pieza en el museo coincidió con la celebración el Lugo del Coloquio Internacional sobre el bimilenario de la fundación de Lucus Augusti, al que acudieron gran número de investigadores. Entre ellos se contaban los profesores doctores Maluquer de Motes de la Universidad de Barcelona y Blanco Freijeiro de la Universidad de Madrid, quienes serán los que hagan los primeros estudios sobre la pieza.
Sin embargo, la primera aproximación la realiza Arias Vilas[1] para el Boletín de la Comisión Provincial de Monumentos de Lugo. En esta pequeña reseña, el autor toma nota de la llegada de las piezas, del origen de las mismas, y hace una sucinto analisis de nuestra figurilla, llegando a la conclusión de que, por las técnicas utilizadas, debe tratarse de una pieza de tradición orfebre del Mediterráneo desarrollada en el área tartésica hasta los siglos VI y V a. C.

El profesor Maluquer de Motes[2], secundado también por Nicolini[3], optará por una definición de la pieza como “orientalizante”. Encuentra que la iconografía no es mediterránea, si bien busca los referentes al carnero alado que se encuentran en el mito de Jasón y el Vellocino de Oro que veremos más adelante, por lo que fija como origen iconográfico regiones continentales, como Macedonia, Bactriana…

Para este autor, el tratamiento del pelaje es el típico del Antiguo Egipto. Considera que la fabricación podría fecharse hacia el siglo VI o primer tercio del V a. C., con el uso de técnicas de origen fenicio o griego de los s. VII-VI, pero habiendo sido realizado en algún taller etrusco más helenizado.

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Blanco Freijeiro[4] también hablará de una pieza “oriental” debido a su estilo, si bien difiere con Maluquer en cuanto a la filiación, que Freijeiro fija como greco-oriental debido al uso de diversas técnicas como el uso de los glóbulos sobre rodeles de filigrana. Sin embargo, termina declinándose por una autoría tartésica, sin descartar la posibilidad de que fuese realizada en el ámbito castreño por un artista foráneo conocedor de técnicas mediterráneas.

Con posterioridad a estas primeras hipótesis, tendremos que esperar hasta la década de los Noventa para encontrar nuevas investigaciones al respecto. En 1992, Arias Arribas[5] saca a relucir el paralelismo con una pieza que se encuentra en la Fundación Abbeg (Suiza). Se trata de una estatuilla de una cabra o íbex de similares características a la nuestra y que aparentemente ha sido realizada por el mismo artista (Lámina. 2). Sin embargo, el hallazgo de este paralelismo no soluciona el problema existente, dado que la figura del museo suizo tampoco tiene un contexto arqueológico concreto y tan solo podemos tener en cuenta que la fundación lo cataloga como una pieza Selyucida de los siglos XI-XII d. C. El autor propone un estudio más detenido de ambas piezas, realizando análisis radiológicos para estudiar sus estructuras internas, análisis metalográficos para determinar, en la medida de lo posible, la procedencia del metal con el que se fabricaron, y análisis con microscopio electrónico de barrido para determinar la composición química, tipos de soldadura empleados… ya que sin estos resultados considera imposible concluir una cronología o una procedencia de forma segura.

Poco después de la publicación de esta primera aproximación, el propio Arias Arribas escribirá un segundo trabajo en el que expone nuevos paralelismos para la pieza[6]:

· Dos piezas de orfebrería de oro, un gallo y un pavo real, con un tratamiento parecido al de las piezas anteriores en cuanto a su técnica, que se encuentran en la misma fundación Abbeg y que también tienen cronologías y orígenes desconocidos.

· Otra cabra perteneciente a la colección Borowsky en Toronto (Canadá), pieza de un realismo mayor que las del Museo de Lugo y el de Abbeg, pero que comparte con éstas el tratamiento técnico del pelaje y el collar alrededor del cuello.

· Un pájaro de la Walter Art Gallery.

· Un león localizado en el Institute of Fine Arts Museum de Minneapolis y que se cataloga como pieza selyucida de los s. XII-XIII (Lámina 3).

Sin embargo, como en el caso de su anterior trabajo, Arias Arribas tiene que concluir con la idea de que estas piezas son tan sólo una pista para encontrar la cronología y procedencia de nuestra pieza, pero que sin los pertinentes análisis no se pueden dar resultados más concretos.

También de 1993 es el artículo de Castro Pérez y Encinas Diéguez[7] presentado en el XXIII Congreso Nacional de Arqueología. Tras una descripción detallada de la pieza y una síntesis de los estudios anteriores, los autores estudian los paralelismos del carnero de Ribadeo y las figuras del íbex de la fundación Abbeg, un macho cabrío de la colección particular de Anne Ternbach en Nueva York, aparentemente idéntico al que Arias Arribas sitúa en la colección Borowsky de Canadá, y el León de Minneapolis, ya citado. Toman como referente la datación que de las tres piezas dan los expertos de los diferentes museos, que en todos los casos se sitúa en el mundo oriental, en concreto ubicándolas entre los siglos XI y XIII en el contexto selyucida, debido a técnicas y tipologías. En concreto aluden a un tipo de pendientes propios del mundo islámico de Irán en este momento histórico que estudiaremos más adelante.

Iconográficamente nos encontramos ante un animal mitológico, híbrido entre un carnero y un ave. Es una figura que no es fácil de encontrar en el ámbito mediterráneo, donde sí que aparecen otros seres híbridos como esfinges, pegasos, sirenas…[8]

Pero sí que encontramos un mito mediterráneo que nos habla de un carnero alado. Se trata del mito del mito del carnero Crisomalo, enviado a salvar a los hijos de Nefele, Frixos y Helle, de la ira de Ino, segunda esposa de su padre Atamante. Según la leyenda, el carnero se lleva a los jóvenes volando hacia Asia Menor. A mitad de camino Helle se cae de la grupa al mar, dando su nombre al mar que sería conocido en época griega como el Hellesponto (Mar de Mármara). Finalmente, Crisomalo llega con el joven Frixos hasta Ponte Euxinos, a casa de Eetes. Frixos, como regalo al rey, ofrecerá la piel del carnero, el vellocino de oro, origen del mito posterior de Jasón y los Argonautas.

El problema con este mito es que existen pocas representaciones del mismo (Lámina 3). Es fácil encontrar imágenes sobre el viaje de los Argonautas y el vellocino, pero para el momento anterior a penas encontramos algunas. A esto habría que añadir que las imágenes griegas que tenemos no nos muestran a un carnero con alas, sino a un carnero que salta por encima del océano, por lo que no podemos establecer una comparación factible con la imagen que nos ocupa.

Sin embargo, si podríamos encontrar paralelismos iconográficos si avanzamos geográficamente hacia oriente. En la zona iraní hallamos imágenes de carneros alados (Lámina 4) dentro del conjunto de deidades y genios protectores desde mediados del primer milenio a. C. hasta la llegada del Islam, e incluso, durante los primeros momentos del Islam, en el periodo de formación del Arte Islámico, podemos observar como en muchos casos copian las iconografías y las técnicas locales a falta de una tradición propia.

Técnicamente, la pieza se encuentra a caballo entre los periodos sasánida e islámico. No podemos adscribirlo al primer momento, dado que la joyería en esta época gusta más de otro tipo de decoración, con tendencia o bien al cloisonnée o bien al repujado (Lámina 4). Si bien sí que es cierto que gran número de piezas utilizan granulado y filigrana similares a los usados en nuestra pieza, es verdad que el tratamiento del conjunto no se realiza de la misma manera, siendo estas técnicas utilizadas en menor proporción y combinadas con otras. Del mismo modo, durante el periodo islámico encontramos un tratamiento similar de los pelajes y un barroquismo decorativo para piezas de características similares[9].

Estaríamos hablando de los pendientes que aparecen en la zona en los s. XI-XIII (Lámina 2). En nuestra investigación hemos encontrado bastantes ejemplos de estas figuras, que en todos los casos tienen las siguientes características:

- Se trata de figurillas de pequeño tamaño, de 2 a 3 cm.

- Destinadas al uso ornamental como pendientes, apareciendo siempre en la parte del lomo del animal la anilla al efecto, siendo los toros los animales más representados, si bien también aparecen otros como pájaros...

- Aparece el tratamiento del pelaje con filigrana torsionada formando arcos en “U”.

- El tratamiento de los ojos se realiza con círculos concéntricos de filigrana, y en algunas ocasiones aparecen gemas de pequeño tamaño engarzadas en medio.

- Tratamiento de la cola con glóbulos sobre rodelas formando líneas.

Sin duda existen grandes similitudes con nuestra pieza. Pero también advertimos unas diferencias en la concepción; tanto el Carnero Alado de Ribadeo como el Ibex de Abegg son piezas de mayor tamaño, sin aparente función como ornamento personal, dado que no aparece el enganche. Esto nos lleva a pensar en la posibilidad de que se trate de piezas votivas, similares a las que podemos hallar en la zona desde la época prehistórica (lámina 4), piezas que por tanto resultan difíciles de encajar en el contexto cultural islámico. Del mismo modo, la técnica utilizada para el pelaje es la misma que en el caso de los pendientes, si bien el carnero y el íbex muestran la combinación con técnicas que granulado de gran calidad e inclusiones de otros iconos dentro de la figura, como son las aves, las rosetas, los felinos y los cérvidos.

Parece, por tanto, bastante seguro que la pieza pertenece a la historia Iraní. En cuanto a su aparición en España, es difícil llegar a una conclusión a cerca de cómo llega la pieza, aunque una de las posibilidades más seguras viene de la mano del comercio de antigüedades debido a los viajeros que llegan hasta estos países, y es fácil pensar que de viniera en el mismo lote que el Íbex de la fundación Abbeg y una vez en Europa se separasen.

En nuestra opinión, no es posible afirmar de un modo tajante, como se ha pretendido en algunos trabajos, que las piezas fueran realizadas en los s. XI-XII. Proponemos por tanto una cronología anterior, en un momento de transición entre el periodo sasánida y el islámico.

En cualquier caso, al igual que lo dicho anteriormente por Arias Arribas[10], considero absolutamente necesario para el estudio de la pieza una serie de análisis físico-químicos que permitan contrastar de un modo más concreto las técnicas empleadas en la fabricación, los tipos de soldaduras, la composición de los materiales empleados y su posible procedencia… para poder concluir de una forma más segura sobre el origen y cronología de estas piezas.

BIBLIOGRAFÍA

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Arias Vilas, F. (1976): “Tres nuevas piezas de la colección A. Gil Varela en el Museo Provincial”. BCPM de Lugo, nº 85-86, p. 250 ss.

Arribas Arias, F. (1992): “Aportacions para un estudio do carneiro alado de Ribadeo”. BMP de Lugo, nº 5, pp. 145-151, Lugo.

Arribas Arias, F. (1993): “Novas aportacions para un para un estudio do carneiro alado de Ribadeo”. BMP de Lugo, nº 6, pp.251-254.

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Noticias en prensa: La Voz de Galicia, 24-IV-1976.


[1] Arias Vilas 1976, pp. 250-252.

[2] Maluquer de Motes 1976, pp. 25-36.

[3] Nicolini 1990.

[4] Blanco Freijeiro 1976, pp.4 ss.

[5] Arias Arribas 1992, pp. 145-151.

[6] Arias Arribas 1993, pp. 251-254.

[7] Encina Diéguez, Castro Pérez, 1993.

[8] Izquierdo, Le Meaux 2002.

[9] Hasson 1987, pp. 55-61.

[10] Arias Arribas 1993.

 

 

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Al descubrir el ORIGEN KANTÁBRICO DE LA HUMANIDAD

... así como la propia Cuna del Lenguaje, de la Escritura, de todas las Ciencias y hasta de los "Dioses" de la Antigüedad, me cabe la enorme satisfacción de haberle devuelto la Memoria a la Humanidad. Todo esto, cuando se difunda a gran escala, hará el mundo muchísimo mejor: más lúcido, más pacífico, más solidario, más inteligente y más HUMANO... Éste y el de contribuir a elevar el nivel intelectual, han sido y serán siempre mis principales objetivos. ES INCOMPRENSIBLE EL DESDÉN CON EL QUE ESPAÑA CORRESPONDE A SUS ESCASOS SABIOS, A LOS POCOS QUE REALMENTE LO SON… (Periódico EL IMPARCIAL de Madrid, del 27 de Octubre de 1902) No conseguir las cosas es un hecho secundario, pero no intentarlas resulta IMPERDONABLE No hay Introito sin Sonrisa… Seguid el camino de las ROSAS amarillas… S&P (ServicioPúblico)R&G (La Razón me Guía)